Llegó la hora de hacer frente a los foros y grupos del “progresismo” – por Hugo Pierri

Llegó la hora de hacer frente a los foros y grupos del “progresismo” – por Hugo Pierri

El autor es Coronel (RE) e integrante de la Mesa de Conducción Nacional de NOS.

El Foro de São Paulo nació en 1990 en esa ciudad de Brasil, a instancias del Partido de los Trabajadores local, reuniendo a otros partidos y grupos de izquierda, mayoritariamente latinoamericanos. Su origen se remonta claramente a la declinación y días finales de la Unión Soviética y con ello a la necesidad de mantener viva la influencia del marxismo en todas sus expresiones a partir de ello. El muro de Berlín había caído un año antes y en ese acto muchos apresurados, los mismos que no lo previeron, creyeron ver la instalación de un nuevo orden y la desaparición definitiva del surgido post segunda guerra mundial. Aunque algo de eso se fue configurando, en la forma de la globalización, no es menos cierto que la izquierda, lejos de asumir ese tiempo como el del ocaso del socialismo, se adaptó a los nuevos vientos, bajo la influencia de Gramsci y otros comunistas aggiornados.

Aunque al reunirse por primera vez el Foro de São Paulo el único miembro en el poder era el Partido Comunista de Cuba, en pocos años sus postulados fueron cobrando forma en varios países de la región, en especial a partir de la elección de Hugo Chávez en Venezuela a finales de 1998. A partir de allí se fue jalonando una historia de éxitos y fracasos en donde los nombres de Lula, Mujica, Evo Morales, Dilma Rousseff, Correa, Ortega, Maduro y López Obrador, por nombrar a algunos, ponen de manifiesto la importancia de este colectivo político. A esa lista podrán agregarse otros como Bachelet, Lugo y los Kirchner, de manifiesta simpatía con el grupo. En este último caso, varias de las organizaciones afines al kirchnerismo integran desde hace años el foro. No es casual que la reunión de 2010 tuviera lugar en Buenos Aires.

Poco después de conocerse los resultados de la elección presidencial del pasado 27 de octubre en nuestro país, la Secretaría Ejecutiva del Foro de São Paulo, Mónica Valente, hizo público un comunicado saludando a las autoridades electas, expresando “Saludamos también la coalición Frente de Todos, que en una votación expresiva en primera vuelta, ha representado la voluntad popular por un proyecto de justicia social, inclusión e innegable rechazo a las políticas neoliberales. La gente votó con esperanza para rescatar la dignidad y la ciudadanía representada por el proyecto de Alberto y Cristina, después de un difícil período de mucho sufrimiento para el pueblo y ahora puede caminar hacia su futuro con esperanza y amor!” No cabe duda que el foro recibió con algarabía el regreso al poder del kirchnerismo.

El 12 de julio de 2019, en la ciudad mexicana de Puebla, se constituyó el denominado Grupo de Puebla (en contraste con el Grupo de Lima, creado en 2017 por más de una decena de gobiernos de la región para contribuir a dar salida a la crisis venezolana), el cual según sus fundadores tiene como objetivo principal articular ideas, modelos productivos, programas de desarrollo y políticas de Estado de carácter progresista. Tiene más de 30 miembros y entre sus integrantes se destacan Alberto Fernández, presidente electo de la Argentina, Dilma Roussef, Lula, Marco Enríquez-Ominami, José Luis Rodríguez Zapatero, Ernesto Samper, Rafael Correa, Fernando Lugo y Evo Morales. La segunda reunión tuvo lugar entre el 8 y el 10 de noviembre en la Ciudad de Buenos Aires. A diferencia del Foro de São Paulo no tiene representación el eje “cubano – venezolano”.

En las últimas semanas, ambas variantes “progresistas” se mantuvieron ocupadas dando muestras de apoyo a Evo Morales y a cuanta revuelta se viene produciendo en varios países de la región. Obviamente haciendo la vista gorda a la represión en Venezuela. Hablar del progresismo, o de lo que se autodenomina como tal, será materia de otro artículo.

En este punto surge un interrogante cuya respuesta nos debería convocar: ¿hasta cuándo nos mantendremos sin adoptar posturas activas para hacer frente al atropello a nuestras creencias, raigambre cultural y forma de vida?

La tibieza del actual gobierno argentino, que ni reconoce al nuevo gobierno de Bolivia ni se suma a la condena de un supuesto golpe, es parte de la inacción política que es necesario superar. Una vez más recurrir a ambigüedades como “reconocer la autoridad pero no el gobierno” vuelve a poner a la Argentina a ambos lados del mostrador. Sin embargo, no solamente debemos esperar la acción de los gobiernos. Como en los casos analizados, grupos y personas pueden ejercer una influencia decisiva en la política internacional y en las sociedades aisladas. Ese es el gran desafío para quienes no integremos en los próximos años la estructura de poder formal.

En la última década, la aparición de nuevas propuestas contribuye a mantener las esperanzas en un esquema de poder mundial más equilibrado y sobre todo en la preservación de las raíces culturales occidentales. Hablemos de Donald Trump a Matteo Salvini, pasando por Viktor Orbán, Jair Bolsonaro, Steve Bannon y otros, en algunos casos a través del ejercicio del poder, otros en camino a ello y algunos desde la experiencia y la academia. El camino de VOX en España es un ejemplo significativo. Entre nosotros se destacó en el último acto electoral el Frente NOS, ahora abocado a la conformación de una estructura partidaria propia.

Pero resulta que el Foro de São Paulo y el Grupo de Puebla constituyen iniciativas trasnacionales organizadas. Y para hacerles frente no alcanzan los procesos nacionales, hace falta también una acción trasnacional y organizada. Y no basta con preparar la defensa, HAY QUE CONTRAATACAR.

Es hora de coordinar iniciativas de partidos, movimientos, organizaciones y grupos que compartan los ideales de libertad, respeto a las soberanías nacionales y sus tradiciones. El año pasado el propio Bolsonaro planteó algo por el estilo con la vista puesta en el Foro de São Paulo y son conocidos los esfuerzos de Steve Bannon por aglutinar estas iniciativas. Es necesario aunar esfuerzos, con una urgencia directamente proporcional al derrame de los conflictos provocados por la izquierda en todo el mundo. Al menos en Hispanoamérica esa urgencia crece día a día. Con ello no se garantizará la paz ni el respeto por las leyes en nuestras naciones, pero se ayudará a concientizar a los ciudadanos y a bloquear la influencia nociva de iniciativas muchas veces al amparo de organizaciones internacionales sostenidas por los propios estados y con el sustento de medios de prensa masivos.

No podemos menos que coincidir con Juan Manuel de Prada que en un artículo del ABC de Madrid de mayo pasado afirmaba que “Mientras la derecha no libre de forma astuta esa batalla cultural sólo podrá aspirar a (escasas) victorias pírricas y parciales, actuando como fregona de los estropicios que causan las francachelas de la izquierda”.

De no adoptar medidas drásticas quedaremos expuestos a una vuelta a los 60 y los 70, mucho más sutil, concentrada en las mentes, ya que ese es el campo de batalla de la guerra cultural en curso.

El objetivo final no ha cambiado, solamente mutaron los medios.